lunes, febrero 26, 2024
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LA UNIÓN ENTRE LA ARQUIDIÓCESIS DE PUEBLA Y LA DIÓCESIS DE HUAJUAPAN DE LEÓN

Por: Padre Cristopher Cortés Pliego.

Con la Ordenación Episcopal de Monseñor Miguel Ángel Castro Muñoz, la Diócesis de Huajuapan de León, Oax., recibirá a su tercer Pastor originario del presbiterio de la Arquidiócesis de Puebla, una arquidiócesis a la que territorialmente pertenecía desde sus orígenes entre 1519 – 1524, cuando se fundó nuestra Diócesis mediante las Bulas “Sacri Apostolatus Ministerio” y “Devotionis tuae probata sinceritas”, hasta el 25 de febrero de 1902, cuando mediante la Bula “Apostólica Sedes” el Papa León XIII la creó con el nombre de Diócesis de las Mixtecas y la puso en un primer momento bajo la jurisdicción inmediata de la Santa Sede, para ser después colocada por la autoridad del Papa San Pío X como la única diócesis sufragánea de la nueva Arquidiócesis de Puebla de los Ángeles a partir del 11 de agosto de 1903 ya con el nombre de Diócesis de Huajuapan.

Huajuapan de León tiene una fraternidad histórica con Puebla que va mas allá de que algunas de sus parroquias están ubicadas en municipios del sur de nuestro estado, sino que Dios, en su Divina Providencia quiso que ella naciera como Diócesis al tiempo que nuestra Iglesia Angelopolitana era llamada a vivir su vocación arquidiocesana. De hecho, Huajuapan fue la única que pertenecía a nuestra provincia, ya que las Diócesis de Tlaxcala y Tehuacán surgieron en 1959 y 1962.

Los primeros lazos de fraternidad se tejieron precisamente mediante los dos primeros obispos de esta Iglesia particular, hijos de nuestro Seminario Palafoxiano y miembros de nuestro Presbiterio, pastores forjados en tiempos de persecución y de una exigente entrega a Dios y a su pueblo, lo cual los preparó para los momentos álgidos que les tocó vivir. Ellos fueron los primeros Pastores que Dios llamó para servir a su Pueblo en aquellas tierras.

MONSEÑOR RAFAEL AMADOR Y HERNÁNDEZ

Nació en Santa Maria de la Asunción Chila, Puebla, el 2 de febrero de 1856, hijo de don Luis Amador y doña María Felipa Hernández, estudió en Puebla y Roma, fue ordenado presbítero en Roma el 19 de septiembre de 1885, y fue ordenado obispo en Oaxaca el 29 de junio de 1903. Murió en Huajuapan el 3 de junio de 1923, sus restos descansan en la Iglesia Catedral.

Su ministerio pastoral duró casi 20 años. Su lema episcopal fue: “Todo lo puedo en aquel que me conforta”. Su episcopado estuvo sostenido por su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a la Santísima Virgen de Guadalupe, y a S. José. Celebró dos Sínodos Diocesanos que son los únicos que se han tenido durante cien años, el primero trata lo referente a la conservación y defensa de la fe, de los sacramentos, sobre cómo conservar y fomentar la piedad a los fieles, así como de los derechos y obligaciones de las personas sagradas. El segundo fue para dar las constituciones sobre la vida del Cabildo Catedralicio, sobre el Seminario y la reorganización de las parroquias y de las en aquel entonces llamadas Vicarias Foráneas. Realizó ocho visitas pastorales a la Diócesis.

Ya en tiempos del arzobispo de Puebla, Monseñor Enrique Sánchez Paredes (1919 – 1923), expidió un edicto sobre los Vicarios Foráneos, los Párrocos y Vicarios Cooperadores para normar su vida, sus facultades y otras disposiciones. Pidió que en cada parroquia fuera fundado el Apostolado de la Oración y de las socias Guadalupanas y Josefinas para pedir por las vocaciones sacerdotales. Buscó que se formara el grupo de Damas Católicas, de Jóvenes, y de la Unión Popular para la Acción Social. Volvió a empezar el Seminario Menor en 1892 y fundó el Seminario Mayor el 4 de enero de 1904. Ordenó 60 sacerdotes. Instituyó el Cabildo Catedralicio, con una dignidad y tres canonjías. Ejecutó la aprobación de Roma de la Fundación de las Madres Carmelitas de Huajuapan el 1° de mayo de 1904. Durante su ministerio pastoral expidió 81 circulares, las cuales se conservan en el Archivo de la Curia Diocesana y en otros archivos parroquiales. Veló, pues, para que no se introdujeran costumbres en contra de la fe, siendo que en aquel tiempo su territorio fue escenario también de batallas entre los diversos bandos de la Revolución Mexicana.

 

EXCMO. SR, DR. D LUIS MARÍA ALTAMIRANO Y BULNES

Nació en Ciudad Serdán el 27 de agosto de 1887, hijo de don José Maria Altamirano y doña Carmen Bulnes, estudió en Puebla y Roma donde fue ordenado el22 de marzo de 1913. Como Formador del Seminario Palafoxiano le tocó estar preso cuando los carrancistas tomaron la Universidad católica Angelopolitana y estuvieron a punto de fusilarlo entre octubre y diciembre de 1914. Fue nombrado obispo para Huajuapan y ordenado en Puebla el 19 de marzo de 1924.

Promovió la instrucción religiosa de niños y jóvenes. Fundó la “Junta Católica” para el cuidado de los bienes de la iglesia. Manifestó su gran amor a la Sagrada Escritura en su asidua predicación. Fue un verdadero valor de elocuencia sagrada a nivel nacional. Consagró su Diócesis al Espiritu Santo, impulsó la devoción a la Virgen Maria en su advocación de los Dolores de la Aurora, con el rezo del Rosario muy temprano. A ella le encomendó su diócesis al salir al destierro, el cual lo vivió por órdenes de Plutarco Elías Calles junto con D. Pedro Vera y Zuria entre 1927 y 1929; no obstante, dictó directrices pastorales para mantener la fe incluso durante los años de la suspensión de cultos. A su regreso, reanudo los cultos en la Diócesis el 7 de agosto de 1929. Elaboró un manual diocesano para la preparación y administración de los sacramentos. Fundó la Acción Católica en la Diócesis y promovió con ella la participación de los laicos. Redactó 9 cartas pastorales y 124 circulares para incentivar la comunión diocesana.

El 4 de junio de 1933 fue trasladado a la Diócesis de Tulancingo y posteriormente al Arzobispado de Morelia el 1º de mayo de 1937. Participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II y en ese servicio pastoral murió el 7 de febrero de 1970.

Oremos, pues, por Mons. Miguel Ángel, para que el Señor derrame sobre él los dones y gracias que requiera para el servicio del Pueblo de Dios que habita en esta tierra bendita, en esta tierra del sol, como lo dice la “Canción Mixteca”.

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