martes, febrero 27, 2024
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Por: Rodolfo Orosco Gil

Roma, Italia.

             Y entran en Cafarnaúm; y luego que fue sábado enseñaba en la sinagoga… (Mc 1,21). Son los primeros versos con los que comienza el evangelio de este domingo, analicemos las palabras que nos ayudan a entender el dinamismo con el que Marcos nos mete a contemplar al Señor. Lo primero que hay que señalar es el nombre del lugar. Al respecto san Jerónimo comentando este pasaje decía lo siguiente: En hebreo Cafar significa campo, Naum, consolación. Las palabras hebraicas tienen a veces muchas interpretaciones, porque cambian según el modo diverso de pronunciarlas por lo que esta última palabra también puede significar belleza. Y por lo tanto Cafarnaúm se puede interpretar como campo de consolación o campo maravilloso. (Cf Girolamo, Omelie sul Vangelo di Marco 2). Esto significa que el evangelista da a entender que Jesús nos está introduciendo en un nuevo modo de ver las cosas o la vida, porque al ser Cafarnaúm parte de la región de Galilea, era repudiada por los judíos, sin embargo para Jesús será todo lo contrario, allí comenzará a obrar maravillas. Después de esto se nos señala el sábado, que como es sabido era el día de Yahvé en el Antiguo Testamento; un día que se debía de guardar para Dios de forma rigurosa. En ese día Jesús entra en la Sinagoga. Συναηωγή (Sinagogué) que significa reunión, asamblea, comunidad. Para que nos demos una idea, algo similar sucederá con el término “eclesía” que significa iglesia y que designa exactamente lo mismo.

De la sinagoga es preciso puntualizar que era el lugar de oración, de estudio, pero también de dialogo e interpretación de la Torah, es decir la Ley (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio). Después de esto seguía la lectura de los profetas donde algún miembro de la asamblea podía hacer ese servicio, sin lugar a dudas que en nuestra  liturgia cristiana seguimos conservando la misma disposición, porque el evangelio sólo puede ser proclamado por el sacerdote, mientras que las lecturas y el salmo corresponden al ministerio del laicado. Hay que tener claro que a diferencia de lo que ahora nosotros hacemos en la iglesia donde se une la liturgia de la palabra y de la eucaristía, para los judíos era algo que se hacía por separado, el culto solamente era en el Templo, el cual sólo era uno y se encontraba en Jerusalén, mientras que las sinagogas en  las que se leía la Escritura eran muchas abarcando todos los territorios judíos.

 Y se asombraban de su enseñanza porque les estaba enseñando como quien tiene autoridad, y no como los escribas. (Cf. Mc 1,22). El termino autoridad Εξουσία en griego usado por Marcos indica en el AT y en el NT un atributo exclusivo de Dios, que da a entender su señoría sobre el mundo, por consiguiente Jesús está haciendo uso de ese poder, nos está revelando su divinidad al ocupar el lugar que sólo se le atribuía a Dios. San Jerónimo al respecto nos ofrece un excelente comentario de cómo pudo ser ese momento y decía: “Me pregunto ¿qué novedad estaba diciendo? Decía en primera persona las cosas que había dicho por boca de los profetas… no hablaba como un maestro sino como el Señor, no apoyaba sus palabras en alguien más grande, sino que él mismo lo decía como cosa suya. ¿Cómo hablaba? Las mismas cosas que había dicho a través de los profetas, pero ahora las decía en primera persona, es decir, Yo Soy aquel de quien les hablaban. (Cf Girolamo, Omelie sul Vangelo di Marco 2). Por su parte los escribas eran los teólogos y juristas de su tiempo en cuanto que el AT era la ley que regulaba la vida hebrea.

Este verso del evangelio nos ayuda a entender que el hombre de nuestro tiempo pareciera que poco a poco va dejando de maravillarse de las enseñanzas que puede encontrar en la historia, la cultura, la literatura, las artes, la música, la astronomía; hemos llegado a una era en la que se piensa que la simple opinión sin fundamentos debe de ser respetada y aceptada por todos como verdad, lo cierto es que a veces lo único que se puede hacer es respetar esa opinión, pero no aceptarla como verdadera sino se fundamenta en ella.

Hoy día se ha dado el poder de la palabra a todo aquel que tiene uso de una red social, pero el problema es que no se ha dado el suficiente conocimiento para decir cosas que enseñen y allí es donde comienza la catástrofe. En la actualidad todo mundo opinan de todo creyendo que tiene la autoridad para hacerlo, pero muchas veces sin el mínimo grado de conocimiento al respecto. Es cierto que es válido expresarse, pero no debemos de olvidar que para que una opinión sea objetiva debe de ser fundamentada en los que tienen autoridad en el tema, porque a su vez ellos mismos lograron dejar su pensamiento no como imposición, sino como la suma de conocimientos que adquirieron de aquellos que fueron sus maestros y porque leían. Es necesario volver a todas las autoridades de las distintas áreas del conocimiento para que nuestras opiniones tengan algo de sensato y verdadero, por ejemplo si de verdad me interesa  la música no puedo dejar conocer a los grandes maestros: Mozart, Beethoven, Haydn, Chaikovski, Chopin, Hendel, Ravel, Bach y así podríamos seguir citando; todos ellos a la hora de ejecutar la música lo hacían con autoridad, inventaron obras musicales que son difíciles de superar, cada uno con su propio estilo que a la hora de escucharlos hacen que los sentimientos y emociones se elevan al máximo; te has preguntado ¿cómo le hizo Beethoven para componer tantas piezas musicales siendo sordo? ¿Sabías que era sordo? Se dice que reclinaba su cabeza a la tapa del piano y a través de las vibraciones que hacia al sonar las teclas era como se imaginaba y armaba la armonía. Pregunto: ¿Acaso esto no es digno ser reconocido como autoridad? Que decir de lo que comentaba el papa Benedicto XVI (quien está por demás mencionar la autoridad que tiene en el mundo académico) cuando se expresa del réquiem de Mozart diciendo: “En Mozart cada cosa está en perfecta armonía, cada nota, cada frase musical y no podía ser de otra manera; incluso los opuestos se han reconciliado y la ‘serenidad mozartiana’, lo envuelve todo en cada momento. Su obra es un don de la gracia de Dios” Innumerables son los momentos en los que el Papa Benedicto XVI expresará lo maravilloso que es escuchar obras musicales de esta dimensión.

Con esto nos podemos dar una idea de lo que significa tener autoridad, Jesús no es alguien que sólo dice cosas, es alguien que las dice y la vive y provoca admiración en quien lo escucha a diferencia de los escribas que no hablan desde la convicción.

Después el pasaje del evangelio nos sitúa al momento en el que un hombre poseído por un espíritu inmundo se puso a gritar y le dice a Jesús: ¿Qué tenemos que ver nosotros contigo Jesús Nazareno? Viniste a perdernos. Te conozco quien eres, el Santo de Dios. (Cf. Mc 1, 24) Es curioso que en una sinagoga haya demonios, lo cierto es que como dice San Beda el Venerable, la presencia de Jesús se convierte en un tormento para ellos. Que está por demás decir ya estaban habituados a que ninguno hablara con autoridad.  San Agustín por su parte nos dice que los demonios sabían que debía venir el Cristo lo habían escuchado decir de los ángeles y los profetas. San Ambrosio decía: “No acepto el testimonio de los demonios, pero sí su confesión”. En la ciudad de Dios San Agustín dirá: “Es claro que en éstas palabras de los demonios existe un gran conocimiento, pero no tienen caridad, temían la pena que Él les podía dar, y no amaban su justicia”. En su comentario al evangelio de san Juan también escribirá: “Los demonios confesaban su fe en Cristo, pero no lo amaban, tenían fe, pero no la caridad. ¿Por qué Jesús callaba a los demonios? san Beda comenta que no debemos de olvidar que la lengua de la serpiente debe de estar cerrada, para que no siga esparciendo su veneno. Jesús no quiere que la gente crea en Él a partir del populismo, o de lo que un demonio dice, a Jesús le interesa que de verdad la gente escuchando su doctrina, viendo sus obras se convenza de que él es Hijo de Dios. No olvidemos que el demonio hablará según le convenga, recordemos las palabras que le dice a Jesús en Mateo y en Lucas: “Si eres el hijo de Dios…” lo expresa con una frase hipotética, y ahora aquí declara abiertamente porque le conviene y está lleno de miedo, porque ha visto que Él es el Santo.

No podemos dejar de considerar que cuando Jesús comenzó a hablar en la sinagoga, en verdad era cierto lo que decía, al punto que los demonios no soportaron que el tiempo del Mesías, el anuncio del Reino ya hubiese llegado. Ésta es la misma actitud que muchas personas de nuestro tiempo toman ante la escucha del evangelio, somos testigo de cómo a través de diversas formas, mujeres y hombres, jóvenes y adultos alzan la voz pidiendo que el evangelio deje de ser proclamado. El demonio representa la violencia, el berrinche de alguien a quién le han quitado un lugar que se apropió, pero que ahora lo ha tomado el dueño, Aquel al que le pertenece; ¿Acaso no vienen a nuestra memoria todas esas manifestaciones de feministas que gritan blasfemias contra Jesús y su Iglesia? Y que ¡con violencia han entrado a los templos para destruirlos! O como han hecho otros perseguidores en el mundo que han entrado ellos para inmolar a sus fieles, ignorando por completo lo que Jesús dijo: “Destruyan este templo y en tres días lo reconstruiré”. Los enemigos del evangelio han creído que entre más violencia se haga contra el cristiano, menos fieles tendrá, sin embargo las historia nos ha enseñado todo lo contrario, la sangre de los mártires se ha convertido en semilla de Cristianos como lo decía Tertuliano.

El evangelio de este domingo, nos enseña que allí donde está Cristo el mal siempre se sentirá  violentado y tenderá a recriminar, pero no olvidemos que la autoridad con la que Jesús calla a los demonios es en extremo determinante, ellos, sin quererlo, confirman que en verdad Cristo es el dueño de todo. Los apóstoles, los primeros cristianos, los santos, los sacerdotes en un exorcismo siempre tendrán que callar al demonio en nombre de Jesús, en cambio Jesús lo hará en primera persona, y los que estarán temblando de miedo serán ellos, no el Señor. No olvidemos que los demonios son inferiores a Dios.

La gente del evangelio se admiraba de que hasta los espíritus inmundos obedecían su palabra y vuelven a preguntarse sobre esta nueva doctrina de la que no saben que responder. Por eso también nosotros asimilemos y aprovechemos todo lo que Jesús nos da cada domingo. El evangelio siempre nos da la posibilidad de crecer en todos los aspectos de la vida, busquemos lo que en verdad tiene autoridad, como por ejemplo una biblioteca o librería donde tenemos la certeza de que lo que allí está escrito es fruto de personas formadas en un alto grado de conocimientos en las distintas áreas, en cambio en internet esa garantía no se puede tener al cien por ciento, debido a que lo que se ofrece muchas veces no tiene una sólida referencia de la formación de su autor. En mi opinión una biblioteca o librería jamás podrá ser sustituía por lo que encontramos en la red.

Dejemos que las palabras de Jesús nos asombren y se conviertan en autoridad en nuestra vida, para que el evangelio expulse a todos esos espíritus inmundos que no han dejado que vivamos de verdad su Palabra.

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