viernes, junio 21, 2024
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Por: Rodolfo Orosco Gil

Roma, Italia.

El famoso pasaje de los discípulos de Emaús precede al relato del evangelio de hoy, por eso nos introduce con la experiencia de éstos cuando caminaron, platicaron, escucharon las Escrituras y Partió el Pan para ellos. Aquellos hombres que ya habían dejado la comunidad ahora vuelven emocionados para contarles a los apóstoles la experiencia que habían tenido. Volver con los demás puede estar indicándonos, que cualquier experiencia que se tenga de Jesús, siempre debe remitirnos a la gran comunidad, para compartir con ella la alegría del resucitado.

El evangelio de Lucas parece que se mueve en un ambiente en el que muchos cristianos tienen dudas sobre la resurrección y por eso proyecta la misma situación en los apóstoles, para dejar en evidencia que no fue fácil desde el principio comprender este misterio, pero que el Señor se les manifestó en múltiples ocasiones para disipar toda  duda y darles pruebas contundentes de que en verdad estaba vivo. San León Magno decía: “Después de la resurrección del Señor, que ciertamente fue de su cuerpo verdadero, puesto que no es distinto el resucitado de aquel que había sido crucificado y muerto, ¿qué otra cosa obró en el espacio de los cuarenta días sino la purificación de nuestra fe de toda duda? Pues, hablando con sus discípulos, viviendo con ellos, comiendo con ellos y dejándose tocar con amor y cuidado por aquellos a quienes la duda los invadía, entraba, estando las puertas cerradas, y exhalando su soplo les transmitía el Espíritu Santo, y una vez dada la luz de la inteligencia, les habría los secretos de las Sagradas Escrituras, él mismo les mostraba los agujeros de los clavos y todas las huellas de su muy reciente pasión, para que se reconociera que en él, la propiedad de las naturalezas divina y humana permanecían inseparables”.  (Cf. León Magno, Tomo a Flaviano, 5). Ante tantas dudas sobre la resurrección san Lucas insiste mucho en la corporeidad de Jesús. Estas apariciones de Cristo a todos sus apóstoles son muy importantes, porque de esta manera los que no habían tenido la oportunidad de verlo, sino que sólo habían escuchado los relatos  que quienes decían que lo habían visto, a partir de esto, también se convertirán en testigos, para que cuando se separen para predicar el evangelio, cada uno porte consigo la experiencia de haber visto vivo al Resucitado.

En este relato el Señor se presenta cuando los dos discípulos están compartiendo la experiencia de haber estado con él; saluda dándoles la Paz, expresión que se ha convertido en una característica muy especial de su resurrección, pues siempre que se aparece estas serán las primeras palabras con las que se presentará. Cabe mencionar que este deseo de paz en el relato de san Lucas ya lo habíamos escuchado en la noche de navidad, cuando los ángeles que se aparecen a los pastores están cantado gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…, con la diferencia de que ya no son los ellos los que lo dicen, sino el mismo Hijo de Dios. San Beda decía: “Jesús trae la paz desde su nacimiento hasta la muerte. Este mismo don lo anunciaron los ángeles, mientras alababan a Dios, cuando apenas había nacido…” (Cf. Beda, Homilías sobre los Evangelios, 2,9). La reacción inmediata de los apóstoles fue el terror porque creían ver un espíritu. Lo que demuestra la fuerte resistencia que tenían para creer que la resurrección de Jesús era una realidad, y no fruto de la imaginación de quienes ya lo habían visto.

No fue fácil para los primeros cristianos que provenían de un mundo pagano, aceptar el misterio de la resurrección sin caer en la tentación de mezclar sus propias creencias con aquello que anunciaba el evangelio, por eso tenían que ser muy bien instruidos para evitar estos errores, de allí a la insistencia de Jesús de que lo palpen, para que no se hagan extrañas conclusiones que puedan reducir la resurrección de Cristo a una historia más de la mitología. En ese tiempo por ejemplo era conocida la famosa doctrina o teoría de la metempsicosis probablemente introducida en Grecia por el orfismo y los pitagóricos, y que fue adoptada por la filosofía platónica, según la cual el alma transmigra en varios cuerpos. A grandes rasgos esta doctrina Platón la explicaba de la siguiente manera: las almas de los que tuvieron una vida muy ligada a los cuerpos, a las pasiones, a los amores y a los placeres, después de haber muerto vagan un tiempo por miedo al Hades en torno a los sepulcros como fantasmas, hasta que atraídas por el deseo de lo corpóreo, se unen a otro cuerpo humano o al de un animal según la bajeza de la vida moral anterior. Para el filósofo también algunas almas tenían que transmigrar para purificarse hasta alcanzar la perfección. Para que nos demos una idea de lo que estoy diciendo, en el 2016 se estrenó la famosa película Apocalipsis que forma parte de las precuelas de los X-Men, donde un mutante considerado como el primero y el más poderoso, tiene que transferir su alma a otro cuerpo para seguir viviendo. Quienes han visto la película saben perfectamente de lo que estoy hablando porque con esta escena comienza. Como nos podemos dar cuenta, la iglesia anunció el evangelio en medio de un mundo que ya tenía sus propias estructuras de pensamiento, por eso se tenía que ser muy clara y cuidadosa en interpretar los pasajes de la Escritura para evitar que se originaran errores.

Creo que esto nos ayudara a entender del por qué el Señor insiste tanto en que comprueben que es él y no un fantasma como se imaginan, por eso invita a los apóstoles a palpar los signos de la Pasión mirando las manos y los pies, y los confronta con la idea que tienen de un fantasma que no corresponde a lo que están viendo, por que en verdad él tiene carne y huesos. Cristo no se presenta en apariencia, ni ha tomado el cuerpo de otro, sino que es el mismo que conocieron antes de la crucifixión. Lo importante ahora será entender que con su resurrección ha entrado en un mundo sobrenatural, no sólo con su divinidad, sino también con su cuerpo glorificado.

San Lucas nos insiste en que los discípulos seguían sin entender, sólo que ahora tal incomprensión es causada por la alegría de estar viendo al Maestro. Por eso para confirmarles que en verdad es él, les pide de comer. Con los discípulos de Emaús parte el pan, mientras que en esta ocasión es un pescado. En ese momento de la comida es cuando Jesús comienza a recordarles todo lo que les había dicho cuando estaba entre ellos, aquello que decía la Ley de Moisés, los profetas y los salmos. Es importante señalar que esta forma en la que Jesús cita el AT corresponde a las tres partes en las que los rabinos lo dividían: Toràh, Nebiìm y Ketubin. Entendamos por tanto que Jesús hace hincapié sobre la importancia que tiene el entender la Antigua Alianza para interpretar correctamente su pasión, muerte y resurrección.

Pienso que esto nos ayuda a entender porque en la misa dominical se lee un pasaje del Antiguo Testamento (Excepto durante la pascua), cantamos un salmo y la segunda lectura siempre corresponde a algunas de las cartas de los apóstoles o el libro del Apocalipsis. Por su parte, el Evangelio tiene tanta importancia que es el centro de ese momento celebrativo, es el que nos hace comprender lo que se decía en la antigüedad tal y como lo está haciendo Jesús en este momento, en el que  está explicando a los apóstoles todo lo que hacía referencia a él. Para creer en Jesús y entender su mensaje, es necesario conocer la historia de la salvación. Y así como Cristo explica las Escrituras, durante la misa es tarea del sacerdote ejercitar este ministerio, y en los ambientes académicos como seminarios, colegios bíblicos o universidades pontificias, son los expertos llamados exégetas y teólogos bíblicos, los que nos ofrecen una mayor explicación. De no hacerlo así y leer la biblia a nuestro modo, corremos el riesgo de hacer falsas interpretaciones que nos meterían en graves errores, tal y como sucedió en los primeros siglos con Marción.

Para tener una idea sobre quien fue este personaje, comencemos señalando que los Padres de la Iglesia lo consideraron un gnóstico, ya que algunos rasgos de su doctrina corresponden a este movimiento herético, sin embargo él mismo se encargó de fijar su propio matiz. Marción nació en la ciudad de Sinope, hoy la actual Turquía, y formo parte de una familia acomodada. Dedicándose a armar buques consiguió formar una gran fortuna. En el año 138 viajó a Roma donde fue bien recibido por la comunidad cristiana, pero en el 144 fue excomulgado por el obispo de Roma a causa de sus doctrinas poco ortodoxas. Ante esta situación, Marción creó su propia Iglesia con una estructura similar a la de Roma, rápidamente comenzó a tener adeptos, como lo cuenta San Justino en su apología.

Las fuentes que nos ayudan a conocer el pensamiento de Marción son los escritos de San Ireneo y Tertuliano, ya que estos fueron quienes se dedicaron a refutar su  doctrina. Su enseñanza consistía principalmente en distinguir perfectamente entre el Dios del AT que se caracteriza por ser exigente y castigador según él, y el Dios bondadoso que predicó Jesucristo. En otras palabras, Marción creía que eran dos dioses completamente distintos. Tal convicción lo motivó a eliminar todo el Antiguo Testamento, así como los pasajes del Nuevo que estuviesen relacionados con él. Formó su propia biblia que incluía solamente 10 cartas de san Pablo y el evangelio de Lucas, curiosamente el mismo que el día de hoy nos insiste en una justa interpretación del Antiguo, pero es probable que estos párrafos los haya ignorado o eliminado. No admitía que Cristo hubiese nacido realmente de la Virgen María y afirmaba como los docetas que sólo había tomado una apariencia corpórea. También se declara contrario al judaísmo porque para él es inconcebible la ley de Moisés con el evangelio de Cristo. Lo erróneo y peligroso de lo que Marción enseñaba se ve reflejado en un pasaje del Adversus Hereses de san Ireneo (Adv. Haer., III, 3,4), en el que se narra el encuentro que tuvo el obispo Policarpo de Esmirna con Marción. Una vez que Marción le preguntó al obispo si lo conocía, Policarpo inmediatamente le contestó: sí, reconozco en ti al primogénito de satanás. Algunas comunidades marcionitas lograron sobrevivir hasta comienzos de la edad media.

Es evidente que en los primeros siglos de la iglesia nacieron y se difundieron algunas doctrinas contrarias a la Revelación, y que en la actualidad se repiten gracias a la carencia de una buena formación cristiana, y por la ignorancia de muchos sucesos de la historia. Ahora podemos constatar que cualquier doctrina parecida a la de Marción, no tiene originalidad y su propuesta ha sido superada desde hace siglos. Me parece que este repaso por la historia de los primeros siglos de la iglesia nos ha hecho comprender porque es tan importante leer la Sagrada Escritura a partir de los evangelios, pues sólo Cristo nos puede dar la claridad con la que el Antiguo Testamento debe de ser interpretado. De otra manera corremos el riesgo de convertirnos en una secta judía o en un fanático grupo religioso.

Finalmente Jesús da las indicaciones que los apóstoles deberán de observar en la predicación, pues en ella, el perdón de los pecados ocupa un lugar importante. Además hace énfasis en la recomendación de evangelizar a todos, comenzando por Jerusalén la ciudad santa y de allí partir a todas las demás ciudades para anunciar el evangelio. Esta característica de volver universal la predicación será una de las razones por las que la iglesia a la que pertenecemos comenzará a llamarse Católica,  la otra será por la ortodoxia que defenderá, tal y como lo podemos constatar en algunos escritos apostólicos, como por ejemplo san Ignacio de Antioquía en su carta a los esmirniotas dice: “allí donde esté Jesucristo está la Iglesia católica”. (Cf. Ignacio., a los esmirniotas VIII, 2). Por su parte el escrito que relata el martirio de Policarpo comienza con un saludo que dice así: “La Iglesia de Dios que peregrina en Esmirna a la Iglesia de Dios que peregrina en Filomelio y a todas las comunidades de la Iglesia santa y católica”. (Cf. Padres Apostólicos, Biblioteca de Patrística. Ciudad Nueva. Pág. 323). Más adelante en este mismo relato, se dice que san Policarpo antes de ser ejecutado durante su oración rezó también por la Iglesia católica extendida por todo el orbe. Entendamos por tanto que la palabra católico o católica es un adjetivo que viene del griego καθολικός que significa universal.

Por eso es importante no olvidar que somos una comunidad que no tiene límites geográficos, nuestra familiaridad no se debe a la sangre, sino al bautismo que nos ha hecho hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Por eso para quienes dicen que Cristo no fundó ninguna iglesia, habría que preguntarles si conocen el significado de la palabra, pues aunque textualmente el Señor nunca hace referencia a una iglesia llamada católica, porque este apellido le fue otorgado más tarde, alrededor del año 107, lo cierto es que el Señor quiso formar una comunidad en las que todos nos viéramos como hermanos para que juntos hiciéramos nuestro itinerario hacia él y a ésta comunidad que recibió el nombre de “Cristianos” conforme fue creciendo, se le dio el apellido de “Católica”. Desde entonces hasta el día de hoy este calificativo ha prevalecido, y  todos los que hemos sido bautizados somos continuadores de la gran familia de Jesús, con la constante tarea de hacer vida su palabra y vivir entre nosotros como buenos hermanos.

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