domingo, febrero 25, 2024
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Por: P. Rodolfo Orosco Gil
Roma, Italia.

Teniendo en cuenta todos los domingos que llevamos del tiempo ordinario, podríamos haber dicho hasta ahora con toda seguridad, que la fe iba ganando terreno contra la incredulidad de los que se resistían al mensaje de Jesús. Las acciones y palabras del Salvador, habían dado pruebas irrefutables de que su trabajo mesiánico era bastante esperanzador. Incluso los paganos que estaban excluidos de la Ley, se sintieron atraídos por la novedad de su mensaje, a los que por su parte Jesús les sabrá corresponder. La fama de Cristo no conocía límites y cada día era divulgada por más ciudades, prueba de ello, eran las multitudes que lo buscaban todo el tiempo.

En aquel tiempo, Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos.
No sabemos las razones concretas por las que decide ir a su ciudad, probablemente tiene ganas de saludar a su mamá, familiares y amigos, o quizás sólo quiere tener unos días de descanso. El punto es, que él decide trasladarse a su ciudad. No va solo, porque sus discípulos también lo acompañan.

Cuando llegó el sábado empezó a enseñar en la sinagoga;
La presencia de Jesús en la sinagoga, es un claro ejemplo, de lo mucho que le interesaba participar en estas reuniones, donde se leía la Ley de Moisés, los salmos y los profetas. Como buen judío, no se ausentaba de estas asambleas de cada sábado y como en otras ocasiones participara de forma activa en ellas. De este acto nacerá que a la hora de hablar, todos queden asombrados por su elocuencia.

La multitud que lo oía se preguntaba asombrada: « ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos?
El efecto que provocaba la presencia de Jesús a donde quiera que iba, no pudo ser evitado al estar entre su pueblo, tal y como lo escuchamos por medio de las preguntas que se hacen los que estaban presentes en la asamblea. Su manera tan propia de exponer la verdad, provocaba que los presentes se dieran cuenta de lo mucho que podían aprender de ella por la facilidad con la que Jesús transmitía sus enseñanzas. Están frente a un hombre sabio, que además hace milagros, un binomio que no era muy común en su tiempo, quizás por eso no pueden dejar de sentirse asombrados.

¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y Sus hermanas ¿No viven con nosotros aquí? ».
Una de las características por las cuales lo recordaban o lo tenían muy presente, era por su trabajo de carpintero, aunque esto no quiere decir que es lo único que sabía hacer, porque de acuerdo a la palabra griega que el evangelio utiliza para referirse a Jesús, ésta nos da a entender que es muy probable que también supiera desempeñarse en otros oficios. Con mucha probabilidad esto lo habría heredado de su papá, pues en otros pasajes también lo llamarán ‘el hijo del carpintero’. En el caso de este texto hay quieren piensan que la razón por la que no se le reconoce así se deba a que san José ya esté muerto; razón por la cual se hace alusión a la mamá. San Justino decía: En Nazaret, Jesús vivía una vida de continuo trabajo, identificándose con los pobres, obediente en su profesión, como un trabajador.

Después de esto, el evangelista se encarga de distinguir a los llamados hermanos de Jesús, mismos que han sido motivo de erróneas interpretaciones por algunos, para contradecir la virginidad perpetua de María. Otros para salvar la situación, han hecho alusión a que se trata de medios hermanos de Jesús, fruto de un matrimonio anterior de san José. Lo cierto es que el trabajo exegético, nos ofrece bastantes datos, que nos ayudan a comprender mejor estos párrafos a partir de un conocimiento más profundo del texto.

Los famosos hermanos y hermanas de Jesús, sacados de contexto pueden provocar muchas crisis de fe, para quienes no tienen la información y formación suficiente que les ayude a interpretar de forma correcta el texto, sin poner en duda uno de los dogmas marianos. Es muy importante tener en cuenta que fuera de estos pasajes en los que se alude a ellos, no encontramos más episodios en la vida de Jesús en la que se hable de hermanos de sangre. Cuando nace, jamás se menciona que tenga hermanos mayores, más aún al resaltar que es el primogénito tanto de María como de José, esa probabilidad queda desechada.

Por otro lado si nos inclinamos a pensar que los hermanos son menores, tendríamos que imaginar que estos tenían que haber nacido por lo menos cuando Jesús tenía 13 años, ya que hasta los 12 años tenemos noticias de su niñez, en la que jamás se hace mención a ellos. Pero suponiendo que tienen razón quienes afirman que son hermanos y hermanas de sangre, tendríamos que considerar lo siguiente.

Imaginado que los hermanos de Jesús hubiesen nacido cuando él tenía 15 años y ahora tiene 30, estos nos ayudarían a calcular la edad de ellos. Es decir tendrían alrededor de 15, 14, 13 y 12, pensando sólo en los hombres. Ahora hay que sumar a las hermanas. Supongamos que son 3. Y colocándolas después del último, la edad de ellas sería de 11, 10 y 9. Si esto le súmanos que no nacieron cada año, tendríamos que pensar que el hermano o hermana menor tendría alrededor de 7 o 6 años. ¿Acaso estos datos no serían muy notorios para el evangelista? Y si el papá ya murió, ¿no habría sido muy criticado por la gente del pueblo, el hecho de que Jesús siendo el mayor dejara sola a la mamá con todos los hermanos? Pero el evangelio al referirse a ellos parecía que da a entender que estos, ya son mayores. Lo cierto es que tiene que haber una explicación.

Es muy sabido, que en la cultura judía, no existía una variedad de vocabulario para hacer referencia al parentesco, quizás no era muy necesario en ese tiempo enfatizar en ello. Partiendo de algunos ejemplos como el de Abraham y Lot sobrino-tío, nos encontramos que algunas veces Abraham le dirá a Lot hermano, lo cual no nos confunde, porque antes ya especifico que Lot es hermano del padre de Abraham. Por lo que da lo mismo decirle hermano o tío. Este ejemplo aún se puede ver en la realidad en algunos países, como por ejemplo Italia. Para los italianos la palabra ‘nipote’ puede estar haciendo referencia al nieto o sobrino, sólo el contexto en el que se emplea evita confundirnos. Por tal razón los llamados hermanos de Jesús, con mucha probabilidad están haciendo referencia a parientes cercanos como primos o sobrinos. Se piensa que Judas y Simón, eran hijos de alguna hermana de san José.

Y se escandalizaban a cuenta de él. Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».
La incredulidad y probablemente el orgullo, hicieron que no vieran con buenos ojos en el pueblo, la actividad misionera y devaluaran todas sus enseñanzas. Pareciera que el obstáculo para aceptar a Jesús, era su origen humilde. Por lo que podíamos ver que esto para la comunidad que presume de conocerlo fue un gran fracaso. Situación por la cual, el Señor recordando lo que ya había sucedió también con otros profetas, hace alusión al rechazo al que se enfrenta el enviado de Dios, cuando los suyos le ponen obstáculos.

Es claro que a Jesús no le interesa la fama, ni tampoco pretendía quedar bien con todos. Lo esencial para él es la fe y aceptación del reino, aunque quizás esto le provocó cierta tristeza. Pero es claro que Jesús jamás obliga al hombre a creer en él.

Lo que le sucede a Jesús, sigue siendo muy común en nuestros días, ya que nunca falta en las familias o el pueblo, el pariente envidioso que se enoja cuando a alguien le va bien. Prueba de ello es el trabajo que constantemente tienen los brujos para hacer ritos que le hagan daño a las personas. Sin embargo a quienes hacen eso, se les ha olvidado que existe la justicia divina, y que el mal o el bien que hacemos en contra o a favor de los demás, siempre se nos regresará multiplicado. Por lo que esas prácticas muchas veces diabólicas se deben de evitar. Lo mejor es respetar, admirar y aprender de quienes han salido adelante, con la firme esperanza de que yo también puedo alcanzar lo que deseo si pongo en práctica mis capacidades.

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.
Orígenes decía:
A mí me parece que Marcos y Mateo, con la intención de demostrar la superioridad de la potencia divina capas de operar en medio de la incredulidad, pero no de más de cuanto puede de frente a la fe de aquellos que se benefician, afirmar que no hacia milagros a causa de la incredulidad no sería justo, sino más bien que no hizo muchos milagros. La potencia de Dios triunfa incluso en la incredulidad.

Este párrafo no enseña que el poder de Jesús hubiese caducado, sino la resistencia, la necedad o terquedad de quienes no quieren creer, o pretenden que la fe sea a su manera. Sin embargo, el Señor, no dejo de cumplir su misión, y con aquellos pocos que si lo aceptaron, logró hacer el bien. Es claro que Cristo no hace milagros para quedar bien con los demás, sino a partir de una auténtica fe que lo reconoce y profesa como el enviado del Padre. Por eso pidámosle al Señor que no nos cerremos a su presencia, y que cuando las cosas no salgan como nosotros queremos, tengamos en cuenta que eso no es el fin, sino tal vez el cambio de estrategia o de rumbo.

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